El último Miffy del Bazar San Carlos

miffyHoy no he podido resistirme a contaros un pensamiento que me ronda estos días. Ése que veis en la foto es el último conejito Miffy que quedaba en el Bazar San Carlos, una juguetería mítica de Santander que anunciaba su cierre hace unas semanas. Cuando mi hermana me lo contó, no podía creerlo. No sabéis la de recuerdos que tengo de esa juguetería, me fascinaba desde que era pequeña. Podía pasarme horas ante aquella enorme vitrina llena de casitas de juguete, con sus preciosas miniaturas y sus habitantes congelados en el tiempo. De hecho, tengo una casita guardada en el trastero de mi madre, a medio montar y mi idea es retomar su decoración cuando Julia sea un poco más grande.

Todo esto os lo cuento porque me da una pena inmensa que se cierre un negocio como ése, que ha llenado de magia y preciosos momentos a varias generaciones de niños. Así que uno de mis propósitos de este 2014 será sin duda comprar en el pequeño comercio. Por muchísimas razones. Quizás no nos damos cuenta, pero cada vez que compramos en las tiendas de nuestro alrededor, en las pequeñas tiendas, estamos también optando por el tipo de sociedad que construimos (y el tipo de ciudades en que vivirán nuestros hijos). Estamos apoyando a gente valiente y emprendedora, que lucha por sacar adelante su negocio en medio de la brutal crisis en la que vivimos. Encontramos un trato personalizado, generalmente mucho más amable y atento y ésto es innegable, un producto mucho más original y de mayor calidad. Vivo en una zona bastante comercial y eso es un lujo para mi. Poder pasearse por el barrio, lleno de vida gracias a esas pequeñas tiendecitas… Incluso volver al mercado de toda la vida (lo de llevar una alimentación más sana también es otra de mis preocupaciones actuales).

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Por eso quizás me consuela un poco que este último Miffy haya sido el juguete preferido por Julia estas navidades. A todas partes la acompaña y al llegar del cole es lo primero que corre a buscar cada tarde. Tal vez nos queda la esperanza de que las nuevas generaciones sepan valorar las cosas de otro modo. ¡Espero no pecar de ingenua!