Mama Shelter en París

Me encanta todo lo que hace Philippe Starck. Por trabajo, estoy muy cerca de sus diseños y tengo que decir que me cuesta mucho decidirme por uno. Simplemente, me parece un genio. Así que para completar la sorpresa del viaje a París, mi marido tuvo el detallazo de escoger uno de los hoteles diseñados por él, el Mama Shelter París. Y la verdad es que fue todo un acierto. Os aviso que céntrico no está, se encuentra situado en el distrito veinte, muy cerca del cementario de Pere Lachaise (dónde podréis pasear entre las tumbas de Edit Piaf, Balzac, Delacroix o Jim Morrison entre otros) Eso sí, está muy bien comunicado por las líneas de metro (parada Gambetta) y autobuses.

Nada más entrar a la recepción te das cuenta de que no estás ante un hotel al uso. El humor y la inteligencia que caracterizan las creaciones del diseñador francés aparecen en muchos detalles. El techo se convierte en una pizarra gigante con todo tipo de caligrafías y mensajes coloridos. También encontraréis, expuesta en unas vitrinas, la colección de productos que ofrece el hotel, desde artículos para la higiene personal, muñequitos de lucha libre, pasando por figuritas de la Torre Eiffel y las famosas caretas que decoran cada habitación. Además en esa primera planta se encuentra el restaurante, (en el que te recomiendan reservar, porque no veáis qué ambientazo por las noches), una pizzería, que funciona a cualquier hora, un bar donde tomarte una copa y una preciosa terraza, ideal para desayunar en los maravillosos sofas Bubble Club. Eso sí que es empezar el día con buen pie.

La habitación sencilla, actual, no muy grande, pero equipada con todo lo necesario. Un detalle que agradecimos es que hay wifi gratis en todas las habitaciones, y una pantalla en la que puedes ver la tele, escuchar la radio, ver una película (en tu idioma si prefieres) y que también sirve como ordenador. Nos resultó super útil alguna noche que llegamos cansados de pasar todo el día “pateando” y preferimos irnos pronto a la habitación o para tener  “conferencia” via Skype por las noches con Mateo y Julia. Un detalle muy divertido son las máscaras colgadas sobre los apliques del cabecero, en nuestro caso Batman, que como os he comentado, se pueden adquirir en la recepción.

En resumen, un hotel super recomendable, moderno y de diseño, con una relación calidad-precio muy buena (desde 89 euros la noche), con un personal siempre sonriente y pendiente de echarte una mano en cuanto necesites, en una zona no muy céntrica, pero si bien comunicada. Una zona residencial y familiar, tranquila. ¡Y con secador de verdad en el baño y productos de cosmética natural! Huéspedes jóvenes y cosmopolitas, muy buen ambiente y creo que es una buena opción también si viajas con niños. Os dejo el enlace de su página web para que comprobéis todos sus servicios. Nosotros sin duda repetiríamos.

La Plastic Side Chair de los Eames.

Recientemente he podido ver el documental Charles & Ray Eames: el Arquitecto y la Pintora, estrenado hace unos meses en Canal Plus. Os lo recomiendo si sois unos fanáticos del diseño como yo y seguidores de la obra de este torrente creativo que constituyó el matrimonio de los Eames. A través de cartas, fotografías, películas y entrevistas con sus familiares y colaboradores, podemos recorrer la historia de su proceso sentimental y creativo durante casi cuatro décadas.

Sin duda, es maravilloso poder adentrarse en el universo de esta pareja de diseñadores, que revolucionó todo el proceso de la creación industrial a partir de la década de los años cuarenta. En plena crisis del sistema, su lema “lo máximo de lo mejor para el mayor número de gente y por lo mínimo” resume a la perfección el planteamiento de sus creaciones.

Como adicta a sus diseños, me resulta especialmente difícil escoger solo uno, pero hoy voy a centrarme, como habréis adivinado por las fotos, en la Plastic Side Chair. Su nombre oficial es DSW (Dining Side Wood) y el modelo actual es una revisión de la original, conocida como Fiberglass Chair. Fue diseñada por los Eames en 1950 con la colaboración de la empresa Zenith Plastics, para un concurso de Mobiliario Low Cost organizado por el MOMA de Nueva York. Fue la primera silla en plástico de fabricación industrial.

Originariamente, su asiento estaba fabricado en fibra de vidrio blanco y las patas eran de nogal americano. En la actualidad, las encontramos en polipropileno con múltiples tonalidades y patas metálicas, aunque a mi me gusta más en su versión original.

Estoy absolutamente enamorada de ellas y serán la próxima compra para mi casa. Además, existen hoy en día unas réplicas maravillosas si no estáis dispuestos a pagar el precio original de las editadas por Vitra. Personalmente os recomiendo la tienda online Decora tu alma. Allí adquirí la Rocking Chair como regalo para mi sobrino Jorge y él, y especialmente su madre, están encantados con ella.

¿Algún Eamesadicto confeso entre vosotros?